Diez kilómetros separan Vélez-Málaga de Arenas (416 m), que se halla situada al pie del cerro que corona la fortaleza de Bentomiz. El núcleo urbano se encuentra en una depresión rodeada de lomas, que la sobrepasan en 200 m excepto por la entrada de Vélez, dando la impresión de ser el escenario de un gran anfiteatro.

Además del cerro de Bentomiz (709 m) están el de Daimalos (689 m), el Alto (627 m), el de los Guanos (533 m),el de Beas (703 m) y el de Collado (597 m). Las tierras del municipio están bañadas por los ríos Seco y Rubite, sirviendo este último de límite con el municipio de Canillas de Aceituno.

 


 

HISTORIA:

Antiguamente, el pueblo se llamó Arenas del Rey en homenaje a Fernando el Católico. Parece un dato fiable sobre la historia de Arenas. Según cuenta la tradición, el monarca castellano estuvo alojado en su núcleo urbano (sin lugar a dudas, una alquería) durante la conquista de Vélez-Málaga.

 


Su historia, sin embargo, está íntimamente ligada a la de la fortaleza de Bentomiz, -que tanta influencia tuvo en la historia de la comarca-, ubicada en el cerro del que toma nombre y desde el que se domina no sólo Arenas, sino todos los pueblos de la zona e incluso parte de la costa.

Algunos investigadores se inclinan por el origen ibero de la fortaleza o castillo, opinando que fenicios y griegos pudieron establecer allí, dada su situación de privilegio, algunos asentamientos. Posteriormente debió pasar a manos romanas, como parece indicar los baños de los que aún existen restos. Los árabes vieron en la fortaleza un bastión inexpugnable y la reedificaron.

Tras la toma de Antequera en 1450, se organiza la taha (comarca) de Málaga que une sus fuerzas a las de Bentomiz para defender la Axarquía por el norte. En 1483, un ejército cristiano procedente de Antequera intenta sorprender a los moros. La empresa fracasó con graves pérdidas de las huestes cristianas al ser avistadas desde las torres de la fortaleza en la que se refugiaron los campesinos.

Conquistada la fortaleza por Fernando el Católico, éste pactó con sus moradores, a los que confió su custodia. Mudéjares ya, conservaron su mezquita, su religión y sus costumbres, además de seguir siendo juzgados por sus propios cadíes.

Los pobladores de la fortaleza, y con ellos se presume que también los de Arenas, se mantuvieron al margen durante la rebelión de 1500. Sin embargo, fueron piedra de toque en la de 1569 cuando Felipe II ordenó (pragmática de 1566) abolir las prerrogativas que los moriscos tenían sobre costumbres e idioma. Bentomiz fue un foco de rebeldía contumaz que prestó obediencia a Aben Humeya, rey de Granada.