Por Coín las sierras del cordón montañoso litoral se asoman al valle del Guadalhorce entre los alcornoques y pinares de Alpujata. Allí, al sur del municipio y de esta comarca, las tierras de Coín esconden parajes de gran belleza. En el que se conoce con el nombre de La Fuente, el río Alaminos baja en torrenteras desde los manantiales de Sierra Negra (1.037 m.) por la vertiente Rosa y tras 700 metros de caída se sosiega en el fondo de un estrecho valle entre huertas salpicadas de casas de labor y de recreo.

Sus aguas son tan puras que en los pozancones del Charco del Infierno, junto al Tajo del Rayo, se han llegado a ver nutrias. Muy cerca de este paraje existe otro más recoleto pero también de gran belleza.

La Albuquería, en donde el río Pereilas, que baja desde Sierra Alpujata (1.073 m.) ha formado un pequeño valle cubierto de naranjos y limoneros, que contrasta con lo abrupto de las laderas que lo flanquean.

 

Unas laderas que pasan de los alcornoques y pinares a las terrazas de frutos subtropicales gracias a las excelentes condiciones climáticas del paraje y a la abundante agua que encierra en sus entrañas la sierra. Las huertas que tímidamente asoman por los parajes intramontanos de la Fuente y la Albuquera, al salir de la sierra se convierten en protagonistas principales del paisaje de Coín, bien sea arropando a la población por Valdeperales, Huertas Viejas y Huertas Nuevas, o bien uniendo los valles de río Grande y su afluente el Pereilas antes de salir al Guadalhorce. Allí donde el agua no llega, los campos de Coín son de olivares que ocupan lomas y pequeños cerros o de cereal que cubren los terrenos ondulados al norte de río Grande.

 

HISTORIA:

Durante la época romana la ciudad se llamó Lacibis, posteriormente La Cobin y por último Castro Dacuan, de donde se cree que los árabes formarían el nombre de Cohine. Estos últimos serían los que dieron un impulso definitivo a la ciudad convirtiéndola en la más importante de la zona. En el año 929, Abderramán III levantó sobre los cimientos del poblado romano las murallas para defender las tierras de las revueltas protagonizadas por Omar Ben Hafsún.

El viajero tangerino Ibn Batuta a su paso por estas tierras describió a Da-Cuan (o Dacuan) como "alquería o castillo hermoso, con muchas aguas, arboledas y frutales". Y es que durante el período musulmán se desarrolló de forma importante la agricultura, hasta el punto de que aún se conserva una buena parte de la infraestructura de riegos de aquella época.


Durante los cinco siglos que permaneció la ocupación musulmana en Coín, la principal actividad económica fue la agricultura, lejos de las murallas del castillo, así como el aprovechamiento del agua, muy abundante en la zona, a través de los molinos, muchos de los cuales se han mantenido en la localidad hasta hoy día -aunque han introducido la electricidad-, y que han dado nombre a una de las calles, de los Molinos. La importancia del agua y la fertilidad de los campos del municipio constituyen dos elementos primordiales del Coín moderno, y reclamo turístico de primera magnitud. Concretamente, los lemas de la localidad son Paraíso ameno y Manantial de luz. La perenne presencia del líquido elemento también se traduce en la importancia que los vecinos de Coín confieren al Nacimiento, que es el lugar donde emana el agua que se suministra a la localidad y a los principales partidos rurales. Durante las épocas de sequía, la mayor preocupación de los ciudadanos es que la piedra de la que nace el agua no se seque, incluso existe la leyenda de que si se moviese esta piedra, ya no saldría más agua de este manantial. Este lugar emblemático está siendo actualmente objeto de una gran reforma para su conversión en parque de recreo. Así, se está construyendo un lago artificial y se ha proyectado acondicionarlo como ribera de río natural. El comercio de los cítricos que se cultivan en la localidad es muy importante, ya que las naranjas, limones y mandarinas coínas son de excelente calidad. De estas huertas salen además nísperos, ciruelas, manzanas y una gran variedad de hortalizas y legumbres. Unos productos a los que se añade la popularidad del pan elaborado en los hornos coínos, en muchos casos amasado a mano y cocido con leña. Este pan se vende a diario en muchas localidades de la Costa del Sol, como ocurre con la pastelería artesanal, en la que destacan los roscos coínos, rellenos de pan de higo. La cría de ganado adquiere también cierta importancia y, sobre todo el porcino, que pone en funcionamiento una cadena de producción y venta de derivados del cerdo. Una elaboración que sigue la más antigua tradición y que se realiza tras ese rito en el que se convierte la matanza del cerdo. Son las principales actividades a las que se dedica la población y en las que el trabajo artesanal cobra mayor importancia. En Coín se pueden comprar piezas de cerámica verde, típicas del lugar y que salen de los tornos de las alfarerías de toda la vida. La producción artesanal se mezcla con la industrial en búsqueda de un mayor desarrollo local. Destaca en este sentido el funcionamiento de cuatro cooperativas dedicadas a la confección y en las que se da empleo a un buen número de mujeres.