del mismo nombre, que llegó a alcanzar notable importancia
no solo en la época romana a la que pertenece su fundación,
sino también durante el período de dominio musulmán.
Los vestigios encontrados en el Camorro (o Chamorrro) dan fe
del turbulento pasado del pueblo. Abandonado durante las luchas
de la reconquista, Juan ll cedió sus tierras a la villa
de Antequera, de la que pasó a depender hasta 1806.
Desde la invasión musulmana en el año 711 hasta
el siglo X, al menos, esta zona fue escenario de hechos turbulentos,
entre los que cabe destacar la rebelión de Omar Ben Hafsun
contra el califato Omeya. Este contradictorio personaje, aunque
tuvo su cuartel general en Bobastro, levantó fortalezas
defensivas en distintos lugares de la provincia de Málaga,
uno de ellas en Belda, en el Cerro del Camorro.
La documentación histórica de los años posteriores
escasea hasta tal punto que no es posible saber con certeza qué
ocurrió en este entorno hasta la llegada de las tropas
cristianas. El alcaide de Antequera, Pedro de Narváez,
dispuso una expedición de 350 hombres para conquistar Belda,
y lo consiguió (1424), pero al no contar con tropas suficientes
como establecer una guarnización, mandó destruir
las casas y la fortaleza, que erigió Omar Ben Hafsun. Juan
II hizo donación de la Dehesa de Belda a la ciudad de Antequera.
La dehesa estaba dividida en cuatro cortijos; dos de ellos fueron
el origen de Cuevas Altas y de los otros surgió Cuevas
Bajas.