El municipio de Fuente de Piedra, al norte de la comarca antequerana y lindando con la provincia de Sevilla, se extiende sobre una extensa llanura en la que sobresalen los picos de las sierras de Mollina y del Humilladero, aunque su paisaje, idóneo para olivos y cereales –cultivos que de hecho abundan-, gira en torno a la famosa laguna del mismo nombre del pueblo, Fuente de Piedra, uno de los mayores humedales de España (junto con

el de Gallocanta, en Zaragoza) y el primero en la Península Ibérica que alberga una reproducción masiva de flamencos, lo que le confiere un valor ecológico inestimable.

Se trata de un pueblo de estructura clásicamente andaluza de las llanuras, con calles rectas y casas encaladas con puertas adinteladas y balcones de hierro forjado, además de algún que otro caserón o palacete

 

de noble familia o terrateniente, como el palacio de la Marquesa de Fuente de Piedra, que data del siglo XIX y está construido en estilo neoclásico.

El único edificio religioso que existe es la iglesia parroquial dela Virgen de las Virtudes, patrona del pueblo. Fue construido a finales del siglo XIX (1891) en estilo neomudéjar y en su exterior destaca su fachada principal, con puerta de acceso rectangular y dintel, sobre el que se abre un ventanal de doble arco de reminiscencias góticas. Cortado en chaflán el ángulo de la portada del lado del evangelio se levanta una espadaña de doble arco.

Visita obligada es La Laguna aunque debe organizarse previamente por ser lugar protegido y de excepcional valor ecológico.

No existe producción artesanal, salvo las creaciones caseras de la repostería local, como por ejemplo sus mantecados.

Como en la práctica totalidad de los pueblos de la comarca antequerana, las chacinas derivadas de la matanza casera del cerdo o de producción artesana de pequeñas industrias, son básicas en la gastronomía local y se sirven todo el año, al igual que las migas de pan, etc. En primavera son pieza clave para cualquier plato, o en solitario, las habas tiernas y los espárragos, y durante el caluroso verano es la porra el plato más degustado, como también el gazpacho. En cuanto a la repostería figura el " bienmesabe " y los mantecados.


 

HISTORIA:

Precisamente la laguna debió ser una especie de reclamo para el asentamiento del hombre prehistórico en esta zona, a tenor de los restos encontrados correspondientes al paleolítico superior. A partir de ese período estas tierras permanecieron habitadas ininterrumpidamente hasta los íberos, los cuales entablaron contactos comerciales con fenicios y cartagineses.


La laguna, ocupada por los romanos hacia el siglo II a.C., fue denominada ‘Fons Divinus’ (Fuente Divina), en alusión sin duda a las propiedades curativas de sus aguas, especialmente para remediar el ‘mal de la piedra’ –cálculos renales-, y ése es probablemente el origen del nombre del pueblo. Los numerosos yacimientos aparecidos de la época romana presuponen la importancia que debió tener la zona tanto en el Alto como en el Bajo Imperio.

A mediados del siglo XV, concretamente en 1461, y tras la batalla conocida como del Madroño, don Rodrigo Ponce de León entra en estos dominios y expulsa a los musulmanes, de tal manera que el lugar quedó deshabitado hasta 1547, fecha en la que la autoridad de Antequera estima oportuno crear una especie de arrabal para enviar allí a los enfermos renales que en las aguas de la fuente buscaban alivio a sus dolencias.

La naturaleza curativa de estas aguas propició un notable apogeo comercial en la zona, un comercio basado en la exportación del agua, que era transportada al Reino de Nápoles e incluso bastante más lejos, a América. Los siglos XVI y XVII fueron singularmente prósperos con motivo de la comercialización del agua y por los numerosos viajeros que se acercaban a tomarlas allí mismo, pero una continuada sequía, que favoreció la expansión de epidemias, acabó con la bonanza económica, puesto que el brote de la epidemia se achacó a los vapores del agua estancada de la fuente por ausencia total de corriente.