El territorio de este municipio, en plena depresión antequerana, configura una especie de corredor entre Fuente de Piedra y Mollina que se ensancha ligeramente en el borde de la provincia de Sevilla, con la que limita. Hacia el norte, el terreno apenas si presenta desniveles; es una llanura de leves ondulaciones donde predominan los cultivos se secano: olivos y cereales principalmente. En la parte sur, la Sierra de Humilladero, junto a la que se extiende el pueblo, rompe la horizontalidad del paisaje con sus 650 metros de altitud, y le añade además una amplia zona de pinares que le proporciona cierta frondosidad al entorno.

El paisaje urbano responde a las características de una localidad andaluza fundada en la Edad Moderna, por lo que sus calles, lejos del tortuoso trazado morisco de otros tantos pueblos, son amplias y con frecuencia denotan el uso del cordel en su diseño, pero, eso sí, el caserío presenta la secular blancura andaluza y algunos notables edificios.

El único monumento que hay es la iglesia parroquial de la Virgen del Rosario, cuya portada está sustentada por pilastras y frontón, con una torre de planta cuadrada de un sólo cuerpo, en cuya parte superior se abren arcos para las campanas.

En el municipio existen algunas cuevas artificiales donde se han encontrado vestigios arqueológicos de la época musulmana.

La producción artesanal está representada por trabajo en hierro forjado, especialmente en lo que se refiere a la fabricación de faroles. También hay canasteros que utilizan la vareta de olivo.

Aquí también se sigue la tradición culinaria de los pueblos de la llanura de Antequera, de donde procede la porra, aunque con la variante de ser "majá" (majada). Otros platos son las migas, el gazpacho, los adobos, el picadillo, el puchero y el guiso de patatas. En cuanto a sus creaciones de repostería caben destacarse los pestiños, roscos y magdalenas.


 

HISTORIA:

Algunos cronistas datan la fundación del pueblo antes de la conquista de Antequera por las tropas cristianas, pero lo más probable es que el origen de la villa corresponda al año 1618, fecha que aparece inscrita en la Cruz del Humilladero que hay a la entrada del pueblo y de la que éste tomó el nombre. Frente a esta teoría, hay quien afirma que esa fecha corresponde simplemente a la de la inscripción y no a la de la fundación del pueblo, el cual surgiría en el siglo XV alrededor de una finca llamada El Convento.

En cuanto al nombre del pueblo, la tradición señala que proviene del juramento que realizó el infante Don Fernando de Antequera antes de conquistar esta ciudad. La historia relata que Don Fernando se reunió en este lugar con Per Afán de Ribera, quien, procedente de Sevilla, traía consigo además de las tropas la espada de Fernando III el Santo.


El infante se arrodilló, es decir, se humilló ante la espada, la besó y juró que no la volvería a envainar hasta que no conquistara Antequera. En conmemoración de este hecho se erigió la Cruz del Humilladero que hay a la entrada de la villa.