El paisaje urbano responde a las características
de una localidad andaluza fundada en la Edad Moderna, por lo que
sus calles, lejos del tortuoso trazado morisco de otros tantos pueblos,
son amplias y con frecuencia denotan el uso del cordel en su diseño,
pero, eso sí, el caserío presenta la secular blancura
andaluza y algunos notables edificios.
El único monumento que hay es la iglesia
parroquial de la Virgen del Rosario, cuya portada está sustentada
por pilastras y frontón, con una torre de planta cuadrada
de un sólo cuerpo, en cuya parte superior se abren arcos
para las campanas.
En el municipio existen algunas cuevas artificiales
donde se han encontrado vestigios arqueológicos de la época
musulmana.
La producción artesanal está representada
por trabajo en hierro forjado, especialmente en lo que se refiere
a la fabricación de faroles. También hay canasteros
que utilizan la vareta de olivo.
Aquí también se sigue la tradición
culinaria de los pueblos de la llanura de Antequera, de donde procede
la porra, aunque con la variante de ser "majá"
(majada). Otros platos son las migas, el gazpacho, los adobos, el
picadillo, el puchero y el guiso de patatas. En cuanto a sus creaciones
de repostería caben destacarse los pestiños, roscos
y magdalenas. |