poco si se tiene en cuenta que esta zona está
considerada, dentro de la provincia de Málaga, como una de
las más favorecidas por la naturaleza.
En estas tierras, la horizontalidad es casi una
abstracción, una entelequia, pues todo tiende a lo oblicuo
de las innumerables laderas que confluyen en el lecho del Genal
con una contundencia tan sólo mermada por la frondosidad
de los bosques. De hecho, la mayor parte del suelo de Igualeja sólo
permite la presencia del castañar y del olivar, y en menor
medida, y tan sólo junto al pueblo y en las riberas del río
aparece otro tipo de vegetación y algunos huertos que domestican
el paisaje.
Como otros tantos pueblo de la Serranía,
situados junto al río Genal y encaramados en las faldas de
los montes, las calles tienen que salvar grandes desniveles, de
ahí que existan considerables diferencias de altitud entre
unos barrios y otros. Las casa son de piedra, encaladas, formando
una trama urbana típica de calles estrechas y tortuosas.
Merece la pena detenerse a ver la iglesia parroquial
de Santa Rosa, edificada a principios del siglo XVI por orden del
arzobispo de Sevilla Diego de Deza, sufriendo a lo largo de su historia
numerosas reformas hasta ser reconstruida íntegramente hace
unos años conservándose sólo la torre, que
en su día fue alminar de una mezquita. En el interior de
esta iglesia se conservan diversas esculturas que datan de los siglos
XVII y XVIII.
Son de destacar los objetos de uso doméstico
y para la agricultura que se realizan a base de pleita de esparto.
También hay artesanía del cuero y marroquinería.
La tradición culinaria se centra en varios
platos, algunos sorprendentes, como es el salmorejo por proceder
éste de la provincia de Córdoba, de la que dista bastantes
kilómetros. Otros platos autóctonos son las gachas
y las migas en invierno, el gazpacho en verano y para todas las
épocas del año el referido salmorejo, el vino local,
y la repostería a base de mantecados (por Navidad) y borrachuelos. |