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La diversidad de la provincia de
Málaga no sólo se observa en su accidentada orografía,
que origina los más variados paisajes, sino también
en la extensión de sus municipios, pues se da la circunstancia
de que junto a grandes términos municipales como el Antequera,
que con sus 810 kilómetros cuadrados es el cuarto más
extenso de España, existen otros que no alcanzan los diez
kilómetros cuadrados, como los de Totalán, Archez,
Algarrobo o éste de Iznate (7,5), que |
aun con estas dimensiones tampoco es el más pequeño
de la provincia malagueña.
Pero lo escueto de la superficie de un municipio no implica escasez
de recursos paisajísticos, al menos no en el caso de Iznate,
cuyo territorio se adorna con viñedos, olivos y almendros,
principalmente; una paleta de verdes de distintas tonalidades
que sobresale entre el ocre de un terreno surcado por el río
que le da nombre al pueblo, en cuyas riberas se dibujan algunos
huertos. En definitiva, un paisaje muy axárquico.
El monumento destacado es la iglesia de San Gregorio, obra del
siglo XVI, reconstruida tras la rebelión morisca y restaurada
hace cincuenta años. Tiene un sola nave cubierta de armadura
de madera. En el exterior sobresalen seis contrafuertes en uno
de sus laterales. La torre es de planta cuadrada con cuerpo de
campanas y con doble arco de medio punto en cada lado.
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HISTORIA:
Nada hace indicar que esta zona estuviese poblada antes de la
llegada de los árabes a la Península Ibérica,
y sí hay elementos como para asegurar que el pueblo tuvo
su origen en la época musulmana, como el nombre de la localidad,
el cual, según los expertos, procede del vocablo ‘hisnat’,
que puede traducirse como castillo o castillos. Hay quien señala
que el famoso caudillo Omar Ben Hafsun, que tanto dio que hablar
en el tiempo del califato cordobés, nació en Iznate,
mientras otros creen que la cuna de este personaje fue Parauta,
en la serranía rondeña. Hasta ahora, sólo
conjeturas.
Una singular característica histórica de este pueblo
es que disfrutaba del privilegio de behetría, mediante
el cual los vecinos tenían derecho a elegir por señor
a quien ellos designaran.
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Por lo tanto, la obediencia obligatoria que años después
tuvieron que prestar a un señor cristiano debió
hacérseles muy cuesta arriba.
Se sabe que la villa se rindió ante las tropas de los
Reyes Católicos al mismo tiempo que Vélez Málaga,
en 1487, y que durante un tiempo la población continuó
siendo mayoritariamente morisca. Los abusos de los mandatarios
cristianos abonaron la rebelión morisca de 1569, causa
que abrazaron decididamente los habitantes de este pueblo y por
ello castigados duramente. La villa quedó prácticamente
desabitada hasta 1574, fecha en que Felipe II envió al
bachiller Peláez a Iznate para que repartiera las tierras
entre los cristianos que llegaron de Antequera y Estepa, principalmente.
Las crónicas recogen que a finales del siglo XVI Iznate
era considerado como uno de los pueblos con mayor producción
de uva, producto que era solicitado incluso por ciertos comerciantes
de la capital de España, que preferían la uva de
este lugar a a otra de distinta procedencia. Como es sabido, la
filoxera dio al traste con este consolidado negocio en el siglo
XIX.
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