Aunque en su último tramo discurre por tierras gaditanas, el río Guadiaro es una de las señas de identidad de la Serranía de Ronda, pues es aquí donde nace y a lo largo de su recorrido baña varios municipios serranos, como el de Jimera de Líbar, cuyas tierras serían muy otras sin la presencia de esa columna vertebral que es el Guadiaro.

El territorio de Jimera de Líbar presenta una


orografía muy accidentada, tal como corresponde a esa zona de la serranía.

Los lugares más agrestes están cubiertos de encinas, alcornoques y matorral, mientras que en aquellos que se encuentran entre el río y el pueblo abundan los olivos –éstos en realidad se reparten allá donde mejor pueden ser cultivados- y los cereales. En líneas generales, las especiales condiciones climáticas de este entorno favorecen el crecimiento de las especies arbóreas que constituyen el bosque mediterráneo.

El término municipal tiene dos núcleos urbanos: el pueblo propiamente dicho, que se ubica en la parte más alta, y la barriada de la Estación, a unos cuatro kilómetros del otro núcleo y por donde pasa la vía férrea Bobadilla-Algeciras.

El casco urbano se alza sobre una loma de la falda de una sierra, por lo que las casas

 


enjabelgadas y con zócalo suben y bajan por calles estrechas y serpenteantes, como corresponde a esta zona de la Serranía. Sus edificios singulares son la iglesia parroquial, que se alza en el barrio del ferrocarril. La finca del tesoro es también lugar a visitar en los alrededores.

Las actividades artesanales apenas si tienen relevancia, salvo algunas labores de anea y palma.

La cocina popular tiene un importante referente durante la temporada de caza. En primavera, los espárragos son la base para diversas creaciones culinarias; y en invierno las gachas de meloja y las migas. Durante todo el año, las sopas de vinagre. Las creaciones reposteras son especialmente exquisitas, como los suspiros de clara montada, los roscones, las tortas de chicharrones y las de aceite.


 

HISTORIA:

Teniendo en cuenta la proximidad de la Cueva de la Pileta, en el término municipal de Benaoján, no es arriesgado suponer que también en la zona de Jimera de Líbar hubiera habido asentamientos humanos en el Neolítico, pero no existen vestigios en los que apoyarse para dar como segura esta teoría. Sí han aparecido a unos cuatro kilómetros del pueblo, en la Finca del Tesoro, restos de lo que debió ser una necrópolis fenicia, a tenor de las piezas de cerámicas rescatadas y unas joyas de ajuar funerario. También por este lugar transitaron los romanos, como lo prueba la calzada que enlazaba la ciudad de Acinipo con el Campo de Gibraltar, uno de cuyos tramos pasa por Jimera de Líbar.

El nombre del pueblo parece que proviene del término árabe Inz Almaraz, cuyo significado es ‘castillo de mujer’, aunque no se han encontrado restos de fortaleza alguna, si bien


bajo los cimientos de la actual iglesia hay constancia de la existencia de un antiguo cementerio musulmán. El pueblo pasó a manos cristianas en 1485, y los conquistadores le cambiaron el antiguo nombre por el de Ximera de Líbar, tal como aparece en una piedra de la fuente pública fechada en 1789.