Aunque el término municipal de Jubrique linda al sur con la comarca de la Costa del Sol Occidental, la accidentalidad de su terreno, si bien no excesiva, confirma su pertenencia a la serranía rondeña, una de cuyas señas de identidad, el valle del Genal, configura buena parte de este municipio. Las zonas más altas de este territorio, generalmente alomadas, se hallan cubiertas de castaños y vid, mientras que en las cercanías del río Genal son los

pequeños huertos dedicados al cultivo de frutas y hortalizas los que en cierto modo determinan el paisaje.

Este término municipal quedó configurado por la unión de cuatro poblaciones moriscas: Rotillas, Monarda, Benamedá y Jubrique, de cuya existencia hay fehaciente información recopilada en las capitulaciones con los Reyes Católicos. Sobre el origen del nombre del pueblo hay cierta unanimidad en admitir que

 


no proviene de la época árabe, sino del latín o en todo caso de los mozárabes.

El casco urbano, como tantos otros pueblos de la intrincada Serranía rondeña, se asienta sobre una elevación montañosa y el paisaje del pueblo es de calles que salvan distintos niveles con parapetos, cuestas empinadas con casas blanqueadas, de una o dos alturas y arracimadas.

La iglesia parroquial bajo la advocación de San Francisco de Asís fue construida según unas fuentes en el siglo XVI y según otras en el XVII, si bien fue engrandecido en épocas posteriores y reformado en diversas ocasiones, la última en 1970 con su restauración. El edificio es de planta rectangular al que se le añadieron otros elementos, como la torre pórtico que se levanta a los pies del templo y que es obra del siglo XVIII, mientras que la cabecera y el crucero se construyeron en el XIX. En el interior hay diversas esculturas de madera policromada que datan del siglo XVIII: una imagen de San Francisco de Asís, otra de la Virgen de la Candelaria y una tercera de un Nazareno.

Lugares de interés del entorno de Jubrique por su paisaje, fauna y vegetación, que atraen a ornitólogos fundamentalmente, son los parajes del Charco Picao, el Estrecho, la llamada ermita de El Castañuelo y la de El Chorrillo, las Vegedas, la Tomilla y, por supuesto, el próximo valle del río Genal.

No existe una artesanía desarrollada y a lo sumo se pueden encontrar trabajos de cordelería y cestería. Lo que sí tiene Jubrique es buenos vinos del lugar: los conocidos como mosto blanco, mosto de la Reijana y vino tinto.

Buenos platos a base de potaje de hinojos, buñuelos de ajetes, marmitón serrano, migas, diversos tipo de potaje, gazpacho caliente y gazpacho frío con pan en verano. En cuanto a los dulces caseros, hay que destacar los hijuelos, que se hacen con miel y son muy característicos en las bodas y bautizos. Mantecados, roscos de naranja, suspiros y roscos de vino completan este listado.


 

HISTORIA:

De otras culturas no hay vestigios en la zona, aparte de algunas monedas romanas encontradas, lo cual no es extraño si se tiene en cuenta que toda la Serranía estuvo muy romanizada, pero no ha aparecido ningún resto que haga pensar en un asentamiento romano en las cercanías del actual Jubrique. Sí hay constancia –porque la perspectiva histórica es más corta- de que los moriscos de esta localidad fueron especialmente belicosos con los desmanes de los cristianos, contra quienes se rebelaron y libraron una batalla en la que perecieron el capitán Alonso de Aguilar y casi todos sus hombres, precisamente enviados para sofocar la rebelión.

Y fue a mediados del XIX cuando Jubrique alcanza su momento de mayor esplendor, consecuencia directa de la riqueza que generaban sus viñedos, las industrias derivadas de éstos y la explotación minera de las sierras.


La tradición vitivinícola de Jubrique continuó hasta bien entrado el siglo XX, e incluso hoy día, las únicas destilerías que existen en la comarca, ubicadas en Ronda, pertenecen a una familia procedente de Jubrique.