no proviene de la época árabe,
sino del latín o en todo caso de los mozárabes.
El casco urbano, como tantos otros pueblos de la
intrincada Serranía rondeña, se asienta sobre una
elevación montañosa y el paisaje del pueblo es de
calles que salvan distintos niveles con parapetos, cuestas empinadas
con casas blanqueadas, de una o dos alturas y arracimadas.
La iglesia parroquial bajo la advocación
de San Francisco de Asís fue construida según unas
fuentes en el siglo XVI y según otras en el XVII, si bien
fue engrandecido en épocas posteriores y reformado en diversas
ocasiones, la última en 1970 con su restauración.
El edificio es de planta rectangular al que se le añadieron
otros elementos, como la torre pórtico que se levanta a los
pies del templo y que es obra del siglo XVIII, mientras que la cabecera
y el crucero se construyeron en el XIX. En el interior hay diversas
esculturas de madera policromada que datan del siglo XVIII: una
imagen de San Francisco de Asís, otra de la Virgen de la
Candelaria y una tercera de un Nazareno.
Lugares de interés del entorno de Jubrique
por su paisaje, fauna y vegetación, que atraen a ornitólogos
fundamentalmente, son los parajes del Charco Picao, el Estrecho,
la llamada ermita de El Castañuelo y la de El Chorrillo,
las Vegedas, la Tomilla y, por supuesto, el próximo valle
del río Genal.
No existe una artesanía desarrollada y a
lo sumo se pueden encontrar trabajos de cordelería y cestería.
Lo que sí tiene Jubrique es buenos vinos del lugar: los conocidos
como mosto blanco, mosto de la Reijana y vino tinto.
Buenos platos a base de potaje de hinojos, buñuelos
de ajetes, marmitón serrano, migas, diversos tipo de potaje,
gazpacho caliente y gazpacho frío con pan en verano. En cuanto
a los dulces caseros, hay que destacar los hijuelos, que se hacen
con miel y son muy característicos en las bodas y bautizos.
Mantecados, roscos de naranja, suspiros y roscos de vino completan
este listado. |