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El término municipal de
Marbella se sitúa en el corazón de la Costa del Sol
occidental, entre las sierras del Cordón Montañoso
Litoral y el mar al que se asoma a lo largo de 23 kilómetros
de costa.
Sierra Blanca, además de ser un factor muy significativo
en las excepcionales condiciones climáticas de la ciudad
y de buena parte del municipio, es sin duda el elemento más
destacable de la zona marbellí.
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Los picos de Marbella (1.215m.) y del Juanar (1.169 m.), éste
ya en tierras del vecino municipio de Ojén, coronan un
paisaje montañoso profundamente excavado por la erosión
que ofrece zonas de especial belleza como los tajos de la Concha
(nombre con el que también se conoce al pico de Marbella)
o el valle de Puerto Rico.
En la mitad oriental del municipio el
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accidentado relieve de la sierra deja paso a
formaciones de lomas que, aunque escarpadas son más suaves.
En esta zona está el paraje situado por encima de la urbanización
Elviria, en donde una importante masa de alcornoques y matorral
denso añade al conjunto un especial atractivo. Al bajar de
estas lomas y de las sierras, el territorio de Marbella es prácticamente
en su totalidad urbano de notable singularidad. Las urbanizaciones
se han adueñado del suelo y la mayor parte del no edificado
o corresponde a campos de golf, hay más de 10 dentro del
término municipal, o son pequeñas zonas residuales,
en las que algún tipo de protección urbanística
intenta evitar la total desaparición de elementos como los
pinares de la Chapas o las dunas de Cabopino.
A pesar de esta fuerte ocupación, el paisaje
sigue siendo muy atractivo, ya que la mayor parte de las actuaciones
urbanísticas presentan una notable calidad, tanto por el
diseño de las construcciones, como sobre todo por la abundancia
de vegetación ornamental. Esto se nota de manera especial
en bastantes zonas de la línea de costa, en donde a pesar
de la cercanía de muchas construcciones al mar, su presencia
es muy discreta debido al ocultamiento que ofrece la vegetación.
Y, finalmente, aunque pueda parecer extraño,
también en Marbella quedan algunas zonas de olivos y frutales
que recuerdan algo de lo que en tiempos, aún no muy lejanos,
fue este municipio. Como testimonio de esa época han quedado
varios pequeños embalses (Nuevo del Angel, Viejo del Angel
y las Medranas), que fueron construidos para los riegos de las tierras
de San Pedro Alcántara. |
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HISTORIA:
Este territorio, tan modificado en las últimas décadas,
conoció muy pronto la presencia humana. Restos paleolíticos
y neolíticos han sido hallados en varios lugares, destacando
el yacimiento de Coto Correa (en la zona de las Chapas) y el de
la cueva de Pecho Redondo.
Según parece, los cartagineses también
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pudieron pasar por aquí a juzgar por algunos indicios
encontrados junto a la desembocadura de río Verde. Pero
fue la presencia romana la que empezó a dejar huellas,
como en la desembocadura citada donde han aparecido restos de
una antigua ciudad probablemente construida en el siglo l, entre
los que se destacan algunos mosaicos. En las cercanías
de San Pedro Alcántara, se encuentra uno de los yacimientos
romanos más importantes de la Costa del Sol: la colonia
romana llamada Cilniana, que parece que fue destruida por un terremoto
en el siglo IV. Algunos investigadores creen que esta ciudad fue
la Salduba mencionada por Pomponio Mela. Aquí han aparecido
mosaicos de gran belleza y calidad artística, pertenecientes
a viviendas, palacios y edificios públicos. Cerca de la
playa, también existen unas termas romanas a las que se
les ha dado nombre de Las Bóvedas por la forma dominante
en su arquitectura.
Otro yacimiento importante de la zona de San Pedro de Alcántara
es la basílica paleocristiana de Vega del Mar, construida
en el siglo III y que fue utilizada por los visigodos como necrópolis.
Durante la dominación árabe el núcleo oriental
de Marbella, que era conocido por los romanos como Barbésula
pasó a llamarse Barbella y sus tierras, que estuvieron
en manos de los benimerines en el siglo XIII, después pasarían
a formar parte del reino de Granada hasta la conquista de la ciudad
por las tropas cristianas en 1485. De esta época han quedado
en el casco antiguo de la ciudad dos torres defensivas y las murallas
del castillo, de ascendencia mozárabe.
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