Las depresiones de las sierras de Alhama y de Enmedio enmarcan, al norte, el municipio de Periana, que en esta zona está presidido por el pico de La Torca (1.499 metros), el de la Umbría (1.352 metros) y el Puerto del Sol (1.100 metros). El terreno desciende hacia el sur, hasta el pantano de la Viñuela, no sin antes arrellanarse en lomas de menor altitud que las arriba señaladas, sobre las que se extiende el núcleo urbano. Inmediatamente después, el territorio se abarranca junto al

curso del río Guaro, antes de que éste lleve sus aguas al pantano de La Viñuela, el único que existe en esta comarca y el de mayor capacidad de toda la provincia de Málaga.

En un terreno en el que se integran picos de notable altitud, cerros más amables de mediana altura y cotas mucho más humildes, ya junto al pantano, y además está surcado por varios ríos (Guaro, Seco, Vilo, Sabar), no es extraño encontrarse con muy distintas

 


especies arbóreas y unos cultivos muy diversificados; así, la espectacularidad orográfica de la zona ofrece a la vez, según en qué lugares, zonas de encinas, olivares, cereal, pastos, frutales –mención especial para el melocotón-, cítricos y cuidadas huertas allá donde el agua está próxima.

El pueblo actual es relativamente moderno debido a que fue totalmente reconstruido tras el mencionado territorio tras el mencionado terremoto, por lo que ni su trazado ni sus construcciones tienen alto valor histórico.

Sus monumentos más importantes son la iglesia de San Isidro Labrador, de estilo neomudéjar, cuya fachada es de ladrillo y mampostería, y las plazas de Lomilleja y la de la Fuente donde se encuentra el Ayuntamiento.

En la taberna del Ambique puede degustarse un magnífico aguardiente elaborado en una antigua destilería siguiendo métodos tradicionales.

No existe una artesanía propia, pero hay varias empresas olivareras, tanto en Periana como en el anejo de Mondrón, de donde se dice que es el mejor aceite de Málaga. Los melocotones tienen un reconocido prestigio.

Los platos típicos son variantes del gazpacho, el ajoblanco, el cocido malagueño, el choto y los callos. Naturalmente, en temporada, se aconseja pedir los melocotones como fruta del tiempo. De la repostería popular hay que destacar el bizcocho, las tortas de aceite, la torta romana y los mantecados.


 

HISTORIA:

En el municipio de Periana hubo asentamientos humanos al menos desde el Musteriense (Paleolítico inferior), tal como lo confirman los vestigios encontrados en el Cerro de Alcolea, cerca de Mondrón; en el cerro de El Fuerte o en el abrigo de Marchamonas, en la zona norte, donde incluso se han hallado restos pictóricos.


También han sido hallados restos de talleres líticos en la zona de Capellanía, junto a La Viñuela, lugar que estuvo habitado hasta el inicio de la Edad del Bronce. Estos hallazgos no constituyen ninguna sorpresa porque toda la zona norte de la Axarquía estuvo ocupada por el hombre desde la Prehistoria, y Periana no iba a ser una excepción. Sin embargo no hay nada que haga pensar en asentamientos romanos, a pesar del hallazgo de una moneda de finales del siglo II a.C en el cerro de Capellanía.

Tampoco hay datos de Periana correspondientes a la época árabe, durante la que se supone no fue más que una alquería, que se cita en las crónicas del tiempo como un simple lugar de paso de las tropas cristianas que, provenientes de Archidona, acudieron en 1487 a la conquista de Vélez. El pueblo no tomará naturaleza de tal hasta que en 1761 la pequeña ermita de San Isidro Labrador se convierte en parroquia, dejando así de pertenecer a la jurisdicción Riogordo.

Los efectos del tristemente famoso terremoto de Andalucía (25 de diciembre de 1884), que afectó a una franja de 200 kilómetros de longitud por 70 kilómetros de anchura, se hicieron notar con enorme fuerza en Periana, a pesar de no estar la localidad situada en el epicentro del seísmo. Muchas casas se vinieron abajo y perecieron 58 vecinos. Ante semejante desastre, el Rey Alfonso XII visitó el pueblo en enero de 1885 y destinó una partida de 300.000 de pesetas para paliar los daños, importe con el que se edificó la nueva iglesia y un barrio.