Al sureste de la comarca rondeña, en el límite con la de la Costa del Sol Occidental, el municipio de Pujerra extiende sus bosques de castaños y pinos hasta el fondo del valle del Genal en un paisaje en el que el agua y la frondosidad de la cubierta vegetal se aúnan para configurar un entorno que, aun siendo característico de la Serranía de Ronda, aporta sus propias singularidades a esta ya de por sí singular zona de la provincia de Málaga.

A pesar de que los flujos turísticos llegan ya a todos los rincones de la serranía, la sensación de algo recién descubierto se apodera del visitante que se acerca a Pujerra, tal vez porque todavía estas tierras conservan esa pátina de territorio no hollado que sólo puede observarse en los pueblos que han sabido adentrarse en el presente con un absoluto respeto hacia el medio natural en el que están enclavados.

Las calles del pueblo son estrechas y empinadas, de trazado sumamente irregular. Muchas viviendas son de mampostería con fachada encalada y teja árabe. En algunas, se ven incrustados unos ladrillos con el monograma de Cristo, compuesto con letras griegas (iniciales del nombre Yesous Christos) que marcaban las sepulturas de los cristianos y cuya fecha corresponde al siglo II de nuestra era.

Resalta como principal punto de interés la iglesia parroquial, dedicada al Espíritu Santo,

 


pero sobre todo, lo verdaderamente digno de mención es su entorno y el valor ecológico del mismo.

Es bastante importante el desarrollo de grupos de artesanos que trabajan la piel y el cuero, aunque no sea de forma permanente.

Los platos típicos son la olla (variedad del cocido), la pinchitada, el mosto y la postura. Entre la repostería, destacar los roscos caseros, los buñuelos y la especialidad llamada "tostones".


 

HISTORIA:

Las deficientes comunicaciones de esta localidad con el resto de la comarca de Ronda han contribuido, por una parte, a mantener prácticamente intacto su valioso paisaje, y, por otra, a que apenas existan datos fiables sobre la fundación de la villa y su posterior desarrollo, toda vez que tampoco ha tenido lugar en este pueblo ningún acontecimiento histórico de cierta relevancia. Hay noticias de la existencia de un pueblo morisco –Bentamín- que desapareció tras la conquista cristiana, pero ni los propios del lugar saben dónde pudo ubicarse esa villa. Algún historiador también cita la existencia de otro pueblo perdido –Cenay- donde se hallan las ruinas del viejo Molino de Capilla, y es en este poblado de Cenay donde, según la leyenda, vivió el rey Wamba antes de subir al trono.

Es imposible averiguar hasta qué punto esta leyenda puede tener un fundamento más o menos sólido, pero es incuestionable la


existencia de ladrillos integrados en las fachadas de algunas casas del pueblo, conocidos como brácaris, en los que aparecen la simbología cristiana bajo las iniciales del nombre Yesous Christos, con las que se marcaban las sepulturas de los cristianos. Dado que algunos de esos ladrillos están fechados en el siglo II d.C., es lógico pensar en que la zona ya había sido cristianizada antes de la llegada de los visigodos.

Con respecto al origen del nombre del pueblo, todo son conjeturas y aún nadie ha explicado qué puede significar o de dónde procede. En distintos documentos aparece escrito como Oxera (probablemente por error del copista), Poxera, Puxerra e incluso Pugerra. Cabe pensar que el nombre de esta localidad pueda venir de Alpujarra, pues si a este vocablo se le suprime el prefijo ‘al’, la palabra que queda es muy similar al nombre de este pueblo serrano.

Sea como fuere, no hay duda de que el origen del pueblo hay que buscarlo en la época árabe, pues la estructura de su trazado urbano sigue las pautas de los núcleos de otras localidades cercanas de las que sí hay documentación sobre su fundación en tiempos de la dominación musulmana. A partir de esta razonable deducción, cabe suponer igualmente que el acontecer histórico de este municipio ha debido de correr en paralelo al de los pueblos colindantes al menos hasta el siglo XVIII. De esta centuria ya hay datos fehacientes sobre la explotación de yacimientos minerales (hierro y amianto) en este término municipal, actividad que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX.

Parece ser que los habitantes de Pujerra destacaron en la lucha contra la invasión napoleónica, y debido a la actuación a favor de la independencia el rey Fernando VII le concedió carta de villazgo en 1814.