El término municipal de Rincón de la Victoria está enmarcado por el arroyo Totalán, al oeste, y por el de San Millán al este, cauces a los que hay que añadir los de otros dos arroyos, el de Granadillas y el de Benagalbón, todos ellos de caudal estacional. De la franja litoral hacia el interior el terreno presenta numerosas lomas alargadas en las que predominan olivos, almendros, algarrobos y viñas en lo que es un paisaje típicamente axárquico, pero sin grandes alturas, ya que el

pico más elevado es el cerro de Salazar, con 512 metros.

Son varios los núcleos urbanos que conforman este municipio: Benagalbón, a cinco kilómetros hacia el interior, La Cala, Torre de Benagalbón, Aguirre, Los millares y algunos otros de más escasa población que los anteriores. Prácticamente todos estos núcleos, especialmente Rincón de la Victoria y La Cala, han experimentado en los últimos 20 años una espectacular expansión debido,

 


principalmente, a su cercanía a la capital malagueña y a la mejora de las comunicaciones; así, lo que en un principio fue una segunda residencia para muchos malagueños de la capital, se ha convertido hoy en primera vivienda.

No por ello el municipio de Rincón de la Victoria es una prolongación del de Málaga, aunque su proximidad con éste le ha beneficiado, sino que tiene vida propia y presenta, además, un gran dinamismo comercial y turístico.

No cabe duda que lo más destacado es la Cueva del Tesoro, con restos de pinturas rupestres y señales de haber sido habitada en el paleolítico, que le dan gran importancia desde el punto de vista histórico. La galería principal tiene más de 500 metros de longitud. Está situada en la Cala del Moral, dentro de su término municipal.

Digno de visita es la Casa Fuerte de Bezmiliana, con muros exteriores de mamposterías para la defensa de la antigua ciudad está considerada como de gran valor entre las existentes de sus mismas características a nivel europeo. La Casa Fuerte ha sido rehabilitada recientemente y su uso actual es fundamentalmente cultural.

También son de interés las torres almenaras situadas en la costa, utilizadas antiguamente para advertir de la llegada de piratas -con señales de humo durante el día y fogatas durante la noche-, una en El Cantal y otra en la zona de Benagalbón.

El viajero no debe de dejar de visitar las playas del término municipal, que tras la regeneración se han convertido en un atractivo por sí solas para el turismo de sol y playa.

No hay tradición artesana en la zona.

Por sus características turísticas actuales, se ofrecen al visitante numerosas tiendas y comercios con artículos de calidad y los típicos "souveniers", aunque recientemente están proliferando las tiendas de artículos de cerámica y forja, también destinadas, fundamentalmente, a los turistas.

La gastronomía se basa casi exclusivamente en el pescado, destacando los espetos de sardinas y el jurel, así como los conocidos "boquerones victorianos", variedad propia de la bahía.

Sin embargo, también hay algunos platos propios, como el chivo frito, las migas, la sopa de maimones y el cordero a la brasa, y se ofrece un buen vino moscatel.


 

HISTORIA:

Este territorio fue uno de los primeros de la provincia de Málaga en los que hubo asentamientos humanos, al menos por los datos que se manejan hasta ahora, y uno de los mejores documentados de la Axarquía a partir de las pinturas y los restos líticos encontrados en la Cueva del Tesoro, que corresponden al Paleolítico, y los no menos interesantes vestigios hallados en la Cueva de la Victoria, cercana a la anterior, de la Edad del Bronce.

Se sabe que hacia el año 550 a.C. se levantó un poblado púnico-fenicio en la Loma de Benagalbón, y posteriormente los romanos también se asentaron en esta zona, como se desprende de los mosaicos y los restos de unas termas hallados en este lugar, lo cual viene a corroborar la descripción del historiador Plinio (siglo I), que cita la


existencia de una fortaleza construida como defensa de posibles invasiones por mar. Es más que probable que alrededor de esta fortaleza los árabes fundaran lo que hoy es Rincón de la Victoria con el nombre de Bezmiliana, que sería el que le dieron los romanos y al que los árabes añadirían alguna variación.

Según la descripción que hace el musulmán del siglo XI El Idrissi, la antigua Bezmiliana (Bizilyana), de la que en la actualidad prácticamente no queda nada, tenía un puerto pesquero, una medina, una mezquita y una muralla que protegía la población, cuyos escasos restos aún son visibles en la zona conocida como El Castellón, en el camino de Benagalbón.

Por lo que relatan algunos cronistas, parece ser que los habitantes de estos pagos abandonaron el lugar antes del avance de las tropas cristianas, pues cuando éstas se encaminan a Málaga, procedentes de Vélez Málaga, encuentran la villa despoblada. Hacia finales del siglo XV y principios del XVI llegan a la zona unas 120 personas con el objetivo de repoblar el lugar, pero antes incluso de la rebelión morisca de 1569 los nuevos vecinos también abandonan estas tierras, y lo hacen, según algunos historiadores, como consecuencia de una epidemia de peste, a lo que cabría añadir el malestar entre la población morisca, cada vez más sojuzgada por los cristianos, y las continuas invasiones por mar.

En 1776, cerca de las ruinas de Bezmiliana, se inicia la construcción de la fortaleza o castillo de Bezmiliana para defender toda esa zona costera, en esta ocasión de los ingleses. Al amparo de esta gran obra empiezan a surgir pequeñas construcciones que en poco tiempo conformarían un núcleo poblacional cuyos habitantes se dedicaban a la pesca y que sería considerado un anejo de Benagalbón, población ésta que seguiría siendo el principal núcleo del municipio hasta el año 1906, cuando el número de habitantes de Rincón de la Victoria es muy superior al de Benagalbón. Aun así, no fue hasta 1950 cuando, ya de manera oficial, se ubicó el Ayuntamiento en el propio Rincón de la Victoria, cuyo nombre tiene su origen en que el territorio que ocupa el pueblo perteneció al convento de la Victoria.