Aunque cercano a la costa, la configuración del término municipal de Sayalonga responde a las características de las zonas del interior de la Axarquía, y por ello sus tierras presentan una orografía abrupta y quebrada, pero sin grandes alturas, toda vez que el punto más elevado del municipio es el de la Rábita (672 metros), seguido del cerro del Mercado (638 metros), en el anejo de Corumbela.

Los ríos que cruzan estas tierras son de curso


corto y de caudal estacional, dado el régimen de lluvias de la zona. De norte a sur discurre el río Sayalonga, que fuera de este término municipal pasará a llamarse río Algarrobo, mientras que por la zona este corre el río Güi, también denominado Huit. Ambos recogen el agua de varios afluentes en los que sólo en los meses de lluvia se le aprecia cierto caudal.

A pesar de la escueta extensión del municipio (poco más de 18 kilómetros cuadrados),

 


Sayalonga cuenta, en su zona norte, con un anejo, Corumbela, que absorbe el 20 por ciento del término municipal, y con el curioso diseminado de Carraspite, en la parte sur, conformado por un buen número de pequeños cortijos que sólo son habitados entre agosto y septiembre, coincidiendo con las fechas de mayor actividad agrícola.

Siendo típico, el pueblo ofrece una belleza especial, atravesado por dos calles paralelas, que se ramifican en estrechos callejones. Existe una fuente antigua, la "del Cid", y otras dos más modernas, y hay varias pequeñas plazas de bello diseño. La vivienda tradicional es de dos plantas, dotada con balcones enrejados y cubierta a dos aguas con teja árabe.

La iglesia parroquial, de estilo mudéjar, está dedicada a Santa Catalina, construida en el siglo XVI, aunque reformada posteriormente. Es de destacar su torre cuadrada y la capilla de Nuestra Señora del Rosario, a la vez que hemos de señalar que está situada en la parte alta del municipio, lo que le da un especial relieve.

Su cementerio es también digno de mención, caracterizado por su forma circular y la arquitectura de sus nichos en forma de bóveda. El cortijo de la zona es de una sola planta con varias habitaciones y establo para el ganado. Habitualmente la puerta es cubierta por una enramada hecha con retamas, cañas y adelfas y con frecuencia un parral.

Lo más interesante es la desarrollada artesanía del esparto y el trabajo en muebles en madera. Existen una almazara y una fábrica de pan.

Son tradicionales las migas hechas con harina de trigo o con pan y acompañadas de arenques asados y ensaladilla de tomate, pepino y cebolla, o también servidas con bacalao asado o con gazpacho.

Se da un típico gazpacho campero, muy picado, que se suele comer con aceitunas o manzanas.

También son platos locales el ajoblanco, el potaje de hinojos, los chicharrones, las sopas cachorreñas, el revoltorio y el puchero. Son muy demandadas las tortitas de Semana Santa, fritas, que se mojan en miel de caña.

El vino moscatel de la zona es de muy buen sabor.


 

HISTORIA:

El origen de Sayalonga es sin duda árabe, pero se desconoce en qué momento histórico empezó a configurarse como población, e igualmente sigue siendo una incógnita el nombre de la localidad –hay estudios que avalan su procedencia romana o visigoda-, de la que empiezan a surgir datos históricos a partir de su rendimiento ante las tropas cristianas -a raíz de la entrega de Vélez- para evitar un inútil derramamiento de sangre, habida cuenta de la fortaleza del ejército de los Reyes Católicos frente a una cada vez más desgastada resistencia musulmana.

En cierto momento, el actual anejo de Corumbela toma más protagonismo histórico que Sayalonga, e incluso la alquería de Batarxis, hoy desaparecida aunque quedan restos para determinar su ubicación, es más nombrada en las crónicas que el núcleo principal del municipio.


En cualquier caso, los moriscos de toda esta zona tomaron parte muy activa de la sublevación que acabó en la famosa batalla de Frigiliana.

El llamado terremoto de Andalucía (25 de diciembre de 1884) también hizo estragos en Sayalonga, pero a diferencia de otras poblaciones de la Axarquía, en ésta no hubo que lamentar pérdidas humanas.