En la frontera entre las provincias de Málaga y Sevilla, las tierras de Sierra de Yeguas ocupan una amplia extensión al norte de la comarca antequerana, donde el relieve parece haberse olvidado de grandes alturas y profundos barrancos y presenta unas formas amables, como corresponde a un terreno que se asoma a la campiña sevillana. No obstante, justo en las lindes de ambas provincias, el municipio toma altura en la Sierra de los Caballos, que, a pesar de no alcanzar una gran altitud (748 metros), es uno de los puntos de referencia de este término municipal.

Los Llanos de Navahermosa, junto a la Sierra de los Caballos, es otro de los lugares más destacados de este municipio. Se trata de una vasta llanura agrícola situada en una antigua zona de inundación, de tan singulares características que está acogida al Plan de Protección del Medio Físico de la provincia de Málaga. La cubierta vegetal de Sierra de Yeguas está integrada fundamentalmente por olivares, y en algunas zonas, y de manera más restringida, hay también almendros y viñas.

 


En la sierra, repoblada a base de pinos, aparece el monte bajo y algunas encinas, restos del antiguo encinar que antaño cubría totalmente este territorio.

Lo más destacable es la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, cuya fachada conserva una portada de piedra rematada con un frontón abierto. Tienen especial interés el coro y el atrio, y los restos de una capilla, de curiosa planta, probablemente construida en el siglo XVIII, así como su Torre, de dos cuerpos terminada en campanario y capitel piramidal decorado de rojizas tejas vidriadas.

Son abundantes los yacimientos arqueológicos encontrados en su término municipal, destacándose las villas romanas en los cortijos de Peñuela y de la Herriza y las termas, también romanas, de la Haza de Estepa.

El pueblo en sí es de interés, con sus casas encaladas y la abundancia de puertas y ventanas enrejadas.

Las artesanías más desarrolladas, aunque no comercializadas, son las referidas a calzado, bordados y cerrajería artística.

Las dos muestras principales de la gastronomía del lugar son la porra campera y el gazpacho.

También se han de probar la perdiz, el conejo y las setas. Entre su repostería encontramos el brazo de gitano, las magdalenas y los suspiros.


 

HISTORIA:

Los primeros asentamientos humanos en este municipio datan del Neolítico, pues a esa época pertenecen algunos objetos de piedra pulimentada hallados en varios puntos de esta zona. Más numerosos y mejor conservados son los yacimientos romanos, en los que han aparecido cerámicas, columnas y algunas monedas, además de restos de villas y de unas termas.

Tras la huella romana, no hay ningún otro dato hasta el siglo XVI en el que apoyarse para reconstruir la historia de este municipio, donde ni los árabes, durante su estancia de siglos, dejaron constancia de su paso en estas tierras. Se cree que, durante la conquista de Antequera, el Infante Don Fernando pernoctó en las márgenes del río Yeguas, pero tampoco de este dato –tan poco significativo, por otra parte- hay constancia documental, aunque su veracidad es más que probable.


Sí está constatado que en 1549 la villa pertenecía a la jurisdicción de Estepa, y, en efecto, las armas de los marqueses de Estepa aparecen en la iglesia parroquial. En el ámbito religioso, y por su vinculación con el marquesado de Estepa, el pueblo perteneció a la vicaría ‘verenullius’, es decir, que dependía directamente de Roma, y en lo civil la villa estuvo integrada en la provincia de Sevilla hasta el siglo XIX.