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El extenso municipio de Teba, en
el tercio occidental de la comarca antequerana, abarca desde el
embalse del Guadalteba, en su zona sur, y se extiende, hacia el
norte, hasta el límite entre las provincia de Málaga
y Sevilla, en la que introduce un pequeño vértice.
Sus tierras, por lo general, son ligeramente alomadas y se hallan
cubiertas en su mayor parte por cereales y olivos. |
| Aproximadamente en
el centro de este término municipal se levanta el pueblo
de Teba, rodeado –casi escondido, podría decirse- entre
los cerros de San Cristóbal, la Camorra, el Camorrillo y
el Castillo. Desde este último, donde se ubica el Castillo
de la Estrella, se domina un vastísimo entorno con el pueblo
como principal punto de referencia. La Sierra de Peñarrubia
indica un cambio en la configuración orográfica del
territorio, un aviso |
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de la relativa proximidad de la abrupta serranía
rondeña.
Quedan restos del sistema defensivo romano en la
zona llamada Teba la Vieja. También se mantiene el Castillo
de La Estrella, romano en el primer cuerpo de torres y muros, y
árabe en el resto, desde donde se observa una vista grandiosa
de la ciudad y de su entorno.
Igualmente destaca el templo parroquial de Santa
Cruz, construido en el siglo XVIII, en el que llaman la atención
las columnas de mármol rojo, procedentes de la zona de El
Torcal de Antequera, así como la colección de orfebrería
antigua que se expone en la sacristía. En el exterior destaca
su portada formada por una arco de medio punto, su torre termina
en un tejadillo piramidal.
Otro punto de interés es el antiguo convento
de San Francisco, construido en el siglo XV, conservándose
actualmente su fachada. El núcleo urbano de Teba es de obligada
visita, ya que es un continuo salpicar de palacetes y viviendas
señoriales que dan gran realce a sus calles, de trazado típico
andaluz.
No se conoce una artesanía local, aunque
existen personas que trabajan la cerrajería artística.
En cuanto a la gastronomía típica
sobresalen la porra tebeña y el cordero a la pastoril. Se
aconseja probar el excelente mosto del lugar. También son
típicos los platos que utilizan como ingredientes espárragos
del monte y quesos de cabra. |
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HISTORIA:
Conviene aclarar desde un principio que este pueblo de la provincia
de Málaga nada tiene que ver, aunque su nombre pueda indicar
lo contrario y sea el mismo con sólo añadirle una
‘s’, con las ciudades casi homónimas de Egipto
y Grecia. Una vez hecho este inciso –para nada gratuito
porque más de un visitante se ha preguntado por las posibles
concomitancias entre esas históricas ciudades y el pueblo
malagueño-, hay que decir que los restos encontrados en
la Cueva de las Palomas y en el Pilarejo –útiles
de piedra y bronce- indican que en estas tierras malagueñas
hubo asentamientos humanos desde muy antiguo, pero no fue hasta
la llegada de los romanos cuando Teba adquiere cierta importancia.
Efectivamente, la antigua Attegua, como era denominada entonces,
fue uno de los lugares donde se desarrollaron las luchas civiles
entre los seguidores de César y los de Pompeyo,
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según la descripción que hace
el propio César de la rendición de Attegua en el año
45 a.C. La ciudad es también mencionada por Hircio, el cronista
de la batalla de Munda, e incluso por Suetonio, historiador latino
(siglos I-II) y autor de la famosa ‘Vida de los doce césares’.
Sin embargo, estas importantes reseñas históricas
no se corresponden con los restos romanos hallados en Teba la
Vieja, más bien escasos y que se reducen, además
de a una parte de la fábrica del castillo, a unas cuantas
monedas del tiempo de Vespasiano y a unos trozos de ánforas
y vasijas de arcilla.
Con el asentamiento de los musulmanes en esta zona se produce
el traslado del pueblo desde su antiguo emplazamiento –Teba
la Vieja- al actual, al que denominarían Ostipo, aunque
en ocasiones también se le llama Ostebba, de donde, con
seguridad, procede el nombre actual de la villa. Los árabes
reforzaron y ampliaron la vieja fortaleza romana y la utilizaron
como baluarte defensivo hasta que el 20 de enero de 1389 la ciudad
es conquistada por Alfonso XI de Castilla, según relata
el padre Mariana en su Crónica General de España.
Al contrario que otras poblaciones, que, ya por asedios o por
interesados pactos, pasaban de manos musulmanas a árabes
y viceversa, Teba no volvió a caer en poder de los musulmanes,
a pesar de que fue sitiada en más de una ocasión,
sobre todo en tiempos de Juan II. Uno de los hechos históricos
más llamativos de cuantos han sucedido en esta villa tuvo
lugar precisamente en la batalla que libró Alfonso XI contra
los musulmanes durante la toma del castillo: uno de los soldados
que perecieron en la lucha fue Sir James Douglas, caballero del
rey Roberto I de Escocia. No se sabe muy bien cómo, pero
este caballero se presentó en Teba y se avino a participar,
junto a las tropas de Alfonso XI, en el asalto al castillo, donde
perdió la vida.
Este hecho se rememora en una lápida que existe en Teba,
enviada desde el pueblo escocés de Melrose por los descendientes
de aquel valeroso caballero británico. Por este motivo,
la localidad escocesa y el pueblo de Teba están hermanados.
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