descubierto un almacén con cerámicas fenicias,
griegas y etruscas, que corroboran la actividad comercial de la
factoría de Toscanos, a la que se le ha calculado una población
de 1.500 habitantes, cifra considerable para aquella época.
Algunos historiadores sostienen la teoría de que este enclave
podría tratarse de la antigua Mainake, fundada por los
griegos.
En el cercano Cerro del Peñón han sido hallados
restos de hornos de fundición y escorias de metal, elementos
que confirman la existencia en este lugar de una explotación
industrial, y algo más al norte, en el Cerro de Alarcón,
se ha encontrado un edificio rectangular que bien pudiera haber
sido una fortaleza, mientras que en el Cerro del Mar han sido
localizadas más de 30 sepulturas del siglo VII a.C. Asimismo,
al norte de Toscanos se halla la Necrópolis del Jardín,
con más de 100 tumbas de los siglos VI al IV a.C.
En el Cerro del Mar -antigua ciudad marítima de Maenoba,
localizada frente a Toscanos-, la investigación realizada
ha confirmado la existencia de una factoría industrial
para las salazones de pescado, que en estos pagos consistía
en la producción de ‘garum’, salsa muy utilizada
por los romanos que introdujeron los fenicios.
Con todo, la fundación de la ciudad de Vélez-Málaga
se sitúa en el siglo X, en plena dominación musulmana,
y la villa surgiría en torno a la fortaleza-alcazaba para
inmediatamente después extenderse hacia el barrio de La
Villa, que conformaría la antigua medina musulmana. Entre
los siglos XIII al XV fue una de las medinas más importantes
del reino nazarí. No era una ciudad muy grande pero estaba
muy bien fortificada y defendida mediante un sólido conjunto
de murallas. Al aumentar el número de habitantes y no caber
en el recinto amurallado, surgieron algunos arrabales cuya ubicación
coincide hoy con el barrio del Arroyo de San Sebastián
y las plazas de San Francisco y de la Constitución.
Hay constancia de que ya en el siglo XIII existían varias
alquerías (núcleos rurales) cuyos habitantes se
dedicaban a la explotación agrícola. Entre estas
alquerías cabe citar las de Almayate, Benamocarra, Benajarafe,
Iznate o Cajiz, entre otras, que serían el origen de estos
pueblo. La importancia que Vélez-Málaga tuvo entre
los siglos XII al XVI queda reflejada en los testimonios que han
dejado autores como El Idrisi, Abulfeda, Ibn Batuta o Abd-al-Basit,
historiador egipcio que a mediados del siglo XV se hace eco de
la actividad comercial del puerto de Mariyya Ballis (Torre del
Mar).
El rumbo histórico de Vélez-Málaga cambia
cuando, en abril de 1487, Fernando el Católico parte de
Córdoba hacia la Axarquía para tomar su capital.
Durante el camino se le añaden a su comitiva nobles y gentes
de los pueblos por donde pasa, y así, se acerca a Vélez-Málaga
con un ejército de 50.000 hombres de a pie y unos 12.000
de a caballo, según relata Hernando del Pulgar, cronista
de la guerra de Granada. Entretanto, la fortaleza de Bentomiz,
prácticamente el único lugar del que Vélez-Málaga
podía recibir ayuda, se entrega a las tropas cristianas,
y las escaramuzas de El Zagal, que partió de Granada en
ayuda de los veleños, tampoco sirvieron de mucho.
En consecuencia, el día 26 de abril de 1487, el último
alcaide musulmán de la ciudad, Abul Cacim Venegas, envía
un parlamentario para pactar las condiciones de la rendición,
y al día siguiente Vélez-Málaga se entrega,
comprometiéndose los musulmanes, además, a adecuar
la ciudad para recibir a los Reyes Católicos, hecho que
tuvo lugar el día 3 de mayo de ese mismo año.
Los nuevos responsables políticos intentan convertir Vélez-Málaga
en una ciudad distinta de la que había sido bajo el dominio
musulmán, y con este objetivo se plantea una renovación
arquitectónica que incluye una nueva ordenación
de los espacios públicos y la construcción de edificios
civiles y religiosos. Esta idea tropieza con la accidentada orografía
del núcleo urbano, por lo que la pretendida reforma urbana
sólo llega a unos pocos espacios públicos (la plaza
de la Constitución, y el arrabal de San Francisco), a algunas
casas de la nobleza y a bastantes iglesias y conventos, de tal
manera que el siglo XVI se distinguirá, sobre todo, por
la construcción de nuevos edificios religiosos.
Durante el siglo XVII se mantiene la misma tónica urbanística
y se potencia aún más la construcción de
iglesias y conventos, con lo que se llegará a configurar
lo que algunos han dado en llamar la ‘ciudad conventual’,
algo que no sólo es privativo de Vélez-Málaga
sino que también ha ocurrido en bastantes pueblos andaluces,
de tal modo que las más espaciosas plazas públicas
servirán también para celebrar grandes manifestaciones
religiosas, como la Semana Santa o el Corpus Christi.
Entretanto, el puerto de Torre del Mar llega a tomar tal auge
comercial que en el siglo XVIII se plantea su ampliación
para mejor canalizar las exportaciones de las cosechas de vid
y cítricos, que se enviaban al norte de Europa.
En la Guerra de Sucesión, Vélez Málaga apoyó
la dinastía borbónica y fue en sus aguas donde se
libró la Batalla naval de Málaga, para unos, o la
Batalla naval de Vélez-Málaga, para otros. Este
hecho histórico tuvo lugar el 23 de agosto de 1704, día
en que se enfrentaron la flota hispanofrancesa, que tuvo 1.500
bajas, y la angloholandesa, que perdió 3.000 soldados.
En el combate participaron 146 embarcaciones que sumaban 3.577
cañones y más de 46.000 hombres entre ambos bandos.
Hoy se estima que el resultado de la batalla no favoreció
a ninguno de los dos bandos, aunque hay estudiosos que apuntan
que la balanza se desniveló a favor de la flota hispanofrancesa.
El siglo XVIII es especialmente favorable para la ciudad, en
la que se produce un notable crecimiento en todos los órdenes:
se construyen o se reparan templos y edificios públicos,
se procede al saneamiento de infraestructuras urbanas y al embellecimiento
de los accesos, e incluso empiezan a llegar las ideas de la Ilustración,
a lo que contribuye en buena medida la creación en 1783
de la Sociedad Económica de Amigos del País.
La siguiente centuria empezó con un signo negativo: la
peste amarilla de 1804 diezmó drásticamente la población
(más de la mitad de sus habitantes murieron). El Cabildo
también sufrió las consecuencias de la epidemia
y la jurisdicción quedó en manos de un militar.
La invasión napoleónica y la creación de
un gobierno afrancesado dividió a la población en
dos bandos que se disputarían el gobierno a lo largo del
siglo XIX, más tarde sobrevinieron varias epidemias de
cólera morbo, la filoxera destruyó los viñedos
y el terremoto de 1884 acabó de perfilar un sombrío
panorama en el que la única luz fue la ampliación
de los cultivos de caña de azúcar bajo los auspicios
de la familia Larios.